Jean-Auguste-Dominique Ingres: Descubriendo al pintor

Jean-Auguste-Dominique Ingres
Jean-Auguste-Dominique Ingres

En esta ocasión nos estaremos refiriendo a Jean-Auguste-Dominique Ingres una gran personalidad en el mundo del arte del siglo XIX, el cual gracias a su enorme talento desempeñó un gran variedad de cargos y pudo plasmar su obra en distintas edificaciones de la ciudad de París en los periodos de la post revolución.

En este caso estamos hablando de nada más y nada menos que de Jean Auguste Dominique Ingres, o como se le suele conocer más fácilmente Dominique Ingres. Como ya mencionamos anteriormente, este fue un pintor de origen francés que nació en la ciudad de Montauban, en una región llama Tarn-et-Garonne, en el año 1780.

Conociendo al célebre pintor Dominique Ingres

Jean-Auguste-Dominique Ingres
Madame Moitessier – 1851

La verdad es que existe un gran dilema entre los historiadores y expertos en el mundo del arte, ya que muchos reniegan del hecho de que Dominique Ingres sea considerado como parte del movimiento neoclásico francés.

Si queremos ser un poco más exactos podría llegar a decir que ciertamente él fue uno de los últimos, sino el último de los grandes exponentes de este género de la pintura francesa. Todo este conflicto lo genera el propio Ingres decantarse por posturas sumamente ambiguas en cuanto a los postulados clasicistas.

Es por eso que muchos consideran más apropiado incluirlo donde del movimiento romántico de la época. Contó con una educación bastante envidiable, ya que tuvo la oportunidad de asistir a la Academia de Toulouse, para luego posteriormente continuar con su formación artística en la ciudad de París en el años 1797, lugar en el que fue alumno de J.L. David.

Con apenas 21 años de edad logra ganar el reconocido premio Prix de Rome en el año 1801, gracias a su magnífica obra “Aquiles y los enviados de Agamenón”, desafortunadamente el pintor se ve en la necesidad de evitar el viaje a Italia por motivos políticos.

Es justamente en este momento de su vida donde comienza a trabajar como pintor en la ciudad de París. De estos momentos de su vida podemos destacar peticiones privadas como los retratos de Mademoiselle Riviere, además de otros encargos muchos más oficiales como el retrato de Napoleón, llamado Bonaparte, primer cónsul y el de Napoleón emperador.

No es sino hasta el año de 1807, cuando por fin Ingres pudo establecerse en la ciudad de Roma, esto gracias a la subvención del gobierno francés en un principio, pero posteriormente al acabarse los beneficios de la beca deciden permanecer en la ciudad por cuenta propia.

A lo largo de su carrera como pintor nunca estuvo asenté de trabajo, solía recibir bastante peticiones, sobre todo de la colonias francesas y del mismísimo Napoleón, personaje para el cual decoró su palacio completo en Roma.

Después de tener una estadía de cuatro en la ciudad de Florencia desde 1820 hasta 1824, decide regresar a París, esto por el motivo de la exposición de uno de sus más célebres cuadros llamado Voto de Luis XIII, obra que toma por sorpresa a todos los presentes en el Salón.

Gracias al reputación que le concede la exposición de esta pieza en la ciudad de París decide abrir un estudio en la ciudad, no se aleja de la capital francesa durante mucho tiempo salvo por un breve periodo entre 1835 y 1841, para dirigir la academia de Francia en Roma.

Durante su desarrollo como artistas podemos ver la constante aparición de las figuras femeninas tanto en forma de retratos como particularmente en la de desnudos, este último fue un género muy bien explorado por el artistas el cual es ampliamente reconocido por la creación de modelos femeninas que asombran por la sencillez de su belleza, ya que esta radica en la sensación que transmite la obra completa a pesar de no ser sugerente en exceso.

Ingres se fue formando un nombre gracias a la reiterada utilización de estos temas e influencias turcas junto con ambientes imaginativos, en los cuales él mostraba a un modelo femenino sensual, con rasgos ciertamente indolentes, y dentro de una atmósfera que parecía esta inmóvil congelada bellamente en el tiempo.

Obras como “La gran bañista”, “La fuente”, o “El baño turco” le otorgaron fama y renombre internacional, fue fácilmente reconocido como el mejor pintor de su época, y además ha pasado a la historia como uno de los grandes artistas académicos de la pintura.